Celebración Bicentenario
Maristas

Por dónde empezar a contar lo que ha sido esta celebración del Bicentenario de la fundación de la primera “casa marista” que en nuestro “cole” hemos celebrado hoy. Quizás conviene empezar por aclarar que no ha sido un principio sino un final para las celebraciones que hemos venido desarrollando estos últimos años.
 En 2014 trajimos a la memoria el episodio que marcó la vida de Marcelino, y que tuvo como respuesta la fundación del Instituto de los Hermanitos de María. El muchacho que moría en sus manos no sabía del Dios que abría sus manos amorosas para recibirle, aquel muchacho se llamaba Montagne, y con él las comunidades marista recordamos el motivo de nuestra presencia en la sociedad civil. En 2015 los recuerdos brotaron de Fourviére, el santuario mariano donde Marcelino y otros compañeros se ofrecieron a María, y nos invitaron a dar gracias a nuestra madre María que acompañó la vocación de Marcelino para la misión que Dios le encomendada.
Y, entre celebraciones y reflexiones, llegamos al día de ayer para conmemorar los 200 años de vida de la espiritualidad marista. Los menos iniciados pueden pensar que me equivoco al no citar expresamente la fundación de la Congregación de los Hermanos Maristas, pero los que pertenecemos a la Comunidad Marista sabemos de sobra que “maristas” es un apellido que llevamos los cristianos que vivimos nuestra fe y nuestra misión al estilo de Marcelino. Hermanos, laicos y laicas, alumnado, personal de servicio, todos juntos formamos una presencia eclesial destinada a la educación de los niños y jóvenes en muchos países del mundo. Sentados en la misma mesa, la del trabajo y la de la comida compartida como en familia, nos hemos reunido en la mesa de La Valla, para renovar nuestra llamada compartir la misión de ser cristianos y cristianas en el mundo al estilo de Marcelino Champagnat.
La mesa de la eucarístia ha sido el espacio de la fiesta cristiana y del compromiso a continuar la labor. Nuestro colegio “Santa María”, al estilo de Marcelino se inspiró en el pasaje del evangelio de Mateo para recordar que los “pequeños” son lo primero para Jesús, hacerse como niños y vivir como ellos, pero también tenerlos en el centro de nuestros esfuerzos y desvelos.
Pero no todo han sido reflexiones, la fiesta nos ha llevado a compartir el desayuno, churros y chocolate para encontrarnos en un espacio diferente. La expresión de la “familia” que comparte la mesa y que reparte lo que tiene antes de dar paso a la segunda parte de nuestra mañana, el acto académico.
Somos una entidad educativa y, por eso hemos reservado un hueco de nuestra celebración a la parte formativa. Cada grupo a su nivel hemos compartido un espacio de juegos y payasos con los “pequeñines”, talleres para primaria y los alevines de secundaria, los “mayores” hemos participado en un acto académico con Eva y el Hno. Manuel, que nos ha ayudado a recordar de dónde venimos, quién fue Marcelino y quiénes debemos ser nosotros si queremos poder llamarnos “Maristas”.
La tarde ha sido para el grupo de personas que hacemos posible la “espiritualidad marista” en nuestro pueblo, profesores, hermanos, capellán, grupos de voluntarios (madres, animadores) y antiguos alumnos. El círculo pequeño de los íntimos, los que ya sabemos lo que significa “ser marista”, que no es nada más y nada menos una forma de hacer presente la vocación cristiana en la Iglesia y en el mundo. Nosotros hemos sido invitados a reflexionar sobre la actualidad de nuestra labor, volviéndonos a los orígenes pero mirando al futuro de la realidad que desarrollamos cada día con fuerza e ilusión.
Desde esta breve crónica, y con el permiso de quien me la encargó, termino dando las gracias a todos los que hemos hecho posible esta gran fiesta, la provincia Ibérica Marista, la comunidad de los hermanos maristas del Collado Villalba, el equipo directivo, los profesores, el personal que realiza distintas labores en el colegio, a todos, ¡muchas gracias! También a los que nos habéis acompañado con vuestra presencia y a los que por diversos motivos no habéis podido asistir. ¡Gracias! Y que la obra de Marcelino siga siendo posible gracias a vuestro esfuerzo, vuestra presencia callada y humilde, cerca de los que más nos necesitan, inspirados por Espíritu de Dios, bajo la atenta mirada de nuestra Buena Madre.
Carmen Picó Guzmán